Clase dominante rechaza acercamiento de Trump hacia Rusia

¿Qué hay detrás de la expulsión del Asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, el general jubilado del ejército Michael Flynn, y del aumento en los intentos por generar pánico sobre los “vínculos de Trump con Rusia”? ¿Qué preocupaciones debe tener la clase obrera y las/os oprimidos en este asunto?

Se está desarrollando una importante lucha sobre la orientación diplomática y militar del imperialismo estadounidense. Se encuentra entre la Casa Blanca de Trump, por un lado, que ha estado buscando un acercamiento con Rusia, y, por el otro lado, la clase capitalista dominante, grandes sectores de los militares, el establecimiento político de demócratas y republicanos, y los medios de comunicación, todos los cuales tienen una orientación firmemente anti-rusa.

Lucha sobre dos políticas de guerra imperialistas

Esta lucha es básicamente sobre dos políticas diferentes de agresión imperialista. El grupo Trump, que incluye a Steve Bannon, su consejero de estrategia, y Michael Flynn (ahora despedido), quiere utilizar un reajuste con Rusia en contra de China y quiere una guerra expandida en Oriente Medio, presuntamente contra el Islam.

La clase obrera, las/os oprimidos y el movimiento progresista deben oponerse a ambos campos y buscar una política independiente en oposición a la postura agresiva de Washington hacia Rusia y al mismo tiempo no ser atraídos al llamado campo de “paz” de Trump.

Para que la clase obrera y las/os progresistas puedan tener una visión clara del asunto, lo mejor es dejar de lado toda especulación sobre lo que Flynn y otros podrían haber dicho a los funcionarios rusos, quién pudo haber infiltrado los correos electrónicos o afectado la elección. No es necesario saber nada de eso para entender esta lucha.

Pero, para mayor claridad, citaremos la revista Time del 27 de febrero al 6 de marzo. En un artículo titulado ¿”Qué está mal con Rusia”?, Time dio su versión del conflicto con Rusia y continuó:

“Quizás el frente más importante en este nuevo conflicto se ha estado desarrollando en el Ala Oeste de la Casa Blanca. A lo largo de los últimos tres meses, de acuerdo con altos funcionarios de la administración Trump y otros que han participado, se han celebrado conversaciones discretas pero consecuentes sobre si EUA debe resistir a Putin en su nueva campaña, o ceder a Rusia una esfera de influencia en el Este Europeo, a cambio de una alianza contra ISIS, que trabajen para reducir los arsenales de armas nucleares y ayuden a limitar a China.

“Donald Trump ha enunciado públicamente partes de ese acuerdo, al igual que los principales asesores Steve Bannon y Michael Flynn. Los funcionarios de la Casa Blanca que han abogado por tal acuerdo … ven al nacionalismo como la base de todas las luchas importantes contra el extremismo islámico y el ascenso de China.

“Oponiéndose a ese acuerdo con Rusia están el secretario de defensa James Mattis y el secretario de estado Rex Tillerson … respaldados por prácticamente todo el establecimiento de política exterior.

“La expulsión de Flynn hace que sea políticamente más difícil para aquellos que quieren avanzar una estrategia pro-Moscú”.

Trump pidió un realineamiento durante toda la campaña

Esté correcto o no el artículo de la revista Time en sus detalles o formulaciones, no es difícil entender el eje de la lucha. Trump lo ha estado diciendo desde que comenzó su campaña.

Él ha exhortado constantemente en su plataforma, entre sus diatribas racistas, misóginas y anti-inmigrantes y sus salvajes ataques contra los medios de comunicación: ¿”No sería bueno entendernos bien con Rusia? Podríamos unirnos y luchar contra ISIS … y el terrorismo”.

Ha estado diciendo durante más de un año: “Podríamos reducir las armas nucleares”, etc. Y cada vez que lo dice, dispara alarmas en el Pentágono, en las agencias de espionaje, en la prensa anti rusa, en el establecimiento político y en las juntas de las corporaciones militares.

Bannon, el ideólogo detrás de Trump

La maniobra política de Trump con Putin, que ya pudo haber fracasado, es promovida por su gurú político, el ideólogo derechista Steve Bannon. Éste tiene una cosmovisión apocalíptica que convoca a la guerra contra el Islam y China.

El South China Morning Post informó el 17 de febrero sobre la perspectiva de Bannon: “EUA y China librarán una guerra dentro de los próximos diez años sobre islas en el Mar de China Meridional, y ‘no hay duda de eso’. Al mismo tiempo, EUA estará en otra guerra ‘importante’ en Oriente Medio”.

Este intento de reorientar la política exterior de Washington, sin embargo, es un movimiento completamente ingenuo de Trump. Su excesivo ego lo lleva a creer que es posible destruir todos los planes del Pentágono, el Departamento de Estado y la CIA para someter a Rusia.

Es por eso que los halcones más grandes del Senado, los senadores pro-Pentágono John McCain y Lindsey Graham, han encabezado la acusación para investigar a Flynn y la Casa Blanca. Mientras tanto, el secretario de defensa Mattis, el secretario de estado Tillerson y el vicepresidente Mike Pence, estaban en Europa defendiendo a la OTAN, advirtiendo a Rusia que no habría colaboración militar y prometiendo apoyar a Ucrania.

El alto mando militar quiere que Bannon salga

Es significativo que el vicealmirante retirado Robert Harward rechazara dos veces la solicitud del gobierno de Trump a que tomara el puesto de asesor de seguridad nacional de Flynn. Harward era Navy SEAL, subcomandante del Comando Central de EUA, representante del Presidente al Estado Mayor Conjunto en el Centro Nacional de Contraterrorismo y director de estrategia y política del Consejo de Seguridad Nacional (CSN).

Es casi sin precedentes que tal ex oficial de alto rango rechace al presidente. Harward explicó sus objeciones: Trump y Bannon se negaron a permitirle tener su propio personal. Más aún, Harward le dijo a la Casa Blanca que “él quería una cadena de mando clara que reportara directamente al presidente, y lo más importante, que se restaurara la estructura del CSN de las administraciones anteriores … para que asesores políticos como Steve Bannon no tuvieran un asiento en el Comité de Directores”. (All In with Chris Hayes, MSNBC, 17 de febrero)

El alto mando militar se opone a que Bannon les diga dónde y cuándo hacer la guerra. Además, volver a la estructura anterior del CSN significaría devolver el Presidente del Estado Mayor Conjunto a una posición permanente en el Comité de Directores del CSN, un comité de dirección que se reúne frecuentemente y es el órgano más poderoso en la estructura de política exterior y militar .

Las fuerzas de Trump reorganizaron el CSN para poner a Bannon en el Comité Principal y al mismo tiempo quitaron al presidente del Estado Mayor Conjunto y al jefe de la Inteligencia Nacional, reduciéndolos a miembros que serían invitados sólo en “ocasiones apropiadas”.

Está claro por qué los Jefes Conjuntos y el jefe de la Inteligencia Nacional fueron removidos. Se opondrían a un acercamiento con Rusia.

Todo el Pentágono, Wall Street y el establecimiento político han estado preparados para amenazar a Rusia desde que Washington no pudo tomar completamente a Ucrania. El golpe fascista en 2014 fue creado por el Departamento de Estado de Clinton y la CIA y comenzó con la Unión Europea. Su progreso fue frenado por la resistencia en la región de Donbass, en el este de Ucrania.

Washington y el Pentágono estaban furiosos cuando el gobierno de Putin se movió rápidamente para retomar Crimea. (Crimea, que tiene mayoría rusa, era originalmente parte de la Unión Soviética, separada de Ucrania). Rusia apoyó eficazmente a la insurgencia en el este contra el gobierno imperialista pro-occidental en Kiev, respaldado por tropas fascistas.

Rusia estaba tratando de impedir que la OTAN avanzara más hacia el este hasta sus fronteras. La toma de Crimea puede entenderse como un movimiento estratégico para impedir que el Pentágono y la CIA se apoderen del único puerto de Rusia en el Mar Negro, el Sebastopol.

La incautación de Ucrania por Washington había sido precedida en 1999 por la incorporación de Polonia, Hungría y la República Checa a la OTAN, en violación a las promesas de Washington de no hacerlo.

Para trabajadoras/es y oprimidos ‘el enemigo está en casa’

En la lucha entre Rusia y Washington, las fuerzas obreras, oprimidas y progresistas de este país deben seguir el dictado leninista de que “el enemigo está en casa”. Debemos estar en contra de nuestra propia clase dominante que está tratando de subordinar Rusia al imperialismo EUA.

La dirección del Partido Demócrata está promoviendo vigorosamente la línea contra Rusia para explicar su pérdida en las elecciones presidenciales, agregando así su peso a la política agresiva y belicista de Washington hacia Rusia. Las masas de activistas que se están movilizando para resistir la agenda racista, anti inmigrante y reaccionaria de Trump no deben caer en la trampa de los demócratas.

De la misma manera, las/os trabajadores, las/os pequeños agricultores y los pueblos oprimidos de Rusia, mientras defienden a su país contra el imperialismo estadounidense, deben luchar contra Putin y su propia clase dominante oligárquica.

¿Quién es Putin?

Putin representa a los oligarcas que ingeniaron la destrucción de la Unión Soviética, dividieron la propiedad socialista para enriquecerse y convirtieron al país en una pesadilla capitalista.

Putin quiere expandir el control de Rusia hacia el “exterior cercano”, lo que significa las antiguas repúblicas soviéticas que también han pasado a ser capitalistas. Putin apoya la derecha en Europa, la mayoría racista, nacionalista y anti-gay. La derecha se opone a la UE y algunos también se oponen a la OTAN, pero sobre bases reaccionarias y nacionalistas.

Moscú financió el Frente Nacional racista de Marine Le Pen con préstamos bancarios en 2014. (Politico, 4 de enero) Le Pen acaba de llamar “escoria” a las masas que se rebelaron contra la brutalidad policial en París. El gobierno ruso firmó un acuerdo de cooperación a largo plazo con el derechista Partido de la Libertad en Austria. Y se han celebrado en Moscú conferencias de la derecha Europea.

Putin defiende la “moralidad” cristiana, el nacionalismo ruso y las leyes anti-homosexuales contra la exhibición pública de afecto entre miembros del mismo sexo, justificándolo como protección a los niños.

Y lo más importante, desde que Putin llegó al poder después de que el pro-EUA Boris Yeltsin fuera derrocado, los oligarcas millonarios rusos han consolidado las finanzas y las corporaciones industriales rusas; sus inversiones directas en el exterior han pasado de $40 mil millones en 2000 a $406 mil millones en 2013. Poseen propiedades en todo el mundo, desde Latvia hasta África y Europa. Hay más de 100 multimillonarios en Rusia.

Trump y la prensa

Trump ha estado atacando a la prensa desde que comenzó su campaña. Trump y Bannon han llamado a la prensa el “partido de la oposición”. Y recientemente Trump llamó a la prensa “el enemigo del pueblo estadounidense”. Este es un pronunciamiento ominoso de una figura autoritaria.

La prensa capitalista representa a varias facciones de la clase dirigente. En realidad, es una parte informal del estado capitalista, a veces llamado “cuarto estado”. Los medios son el medio moderno de la presión ideológica. Promueven la línea general de la clase dominante, informando a la burguesía de las tendencias y los acontecimientos importantes para ella. También se utiliza para perseguir a las/os líderes de las/os trabajadores y oprimidos o las/os radicales.

Pero a veces, cuando los intereses de grandes sectores de la burguesía son puestos en peligro por una parte del gobierno capitalista, la prensa se utiliza para ayudar a hacer cumplir la disciplina de la clase dominante.

Trump lo sabe y está tratando de contrarrestar la actual campaña de prensa, que no sólo se opone a su intento de reorientación hacia Rusia, sino también a su prohibición musulmana racista y autoritaria y, en general, a sus amenazas para revocar los fundamentos básicos de la estabilidad burguesa.

El sabe que los medios de comunicación fueron utilizados en las luchas contra Joseph McCarthy, contra la Guerra del Vietnam del Pentágono, contra Nixon en Watergate. Sus ataques contra la prensa son medidas preventivas contra los intentos de la burguesía de desacreditar su régimen.

La clase obrera necesita libertad de prensa tanto para proteger su propia prensa y porque puede obtener información valiosa de la prensa capitalista para llevar a cabo la lucha de clases. Los medios capitalistas venales y anti-obreros no son nuestros amigos, pero la libertad de prensa es un derecho democrático que la clase obrera debe defender.