Los burócratas sindicales traicionan a la clase obrera

Discurso de Trump ¿’su mejor momento’?

El Presidente ultraderechista de los EUA pronunció su primer discurso ante el Congreso el 28 de febrero. En sus primeras palabras, empleó clichés liberales sobre “condenar el odio y el mal en todas sus formas”. Luego expuso un programa de regalos fiscales y desregulación para los capitalistas, un sistema antisindical de vales escolares, un congelamiento de empleos de trabajadoras/es federales (culpando a las/os inmigrantes del desempleo y bajos salarios) y “uno de los mayores aumentos en el gasto de defensa nacional en la historia de Estados Unidos”.

Trump no dijo el hecho obvio de que la clase trabajadora, especialmente las/os más pobres y oprimidos, pagarán por este masivo regalo a los militares y corporaciones. Todo está potencialmente en su tabla de picar – desde cupones de alimentos, Medicare y Medicaid, hasta la Agencia de Protección Ambiental y la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional.

Una/o esperaría que incluso los líderes laborales más moderados de este país emitieran una rápida condena. El presidente de la AFL-CIO, Richard Trumka, o el presidente del Change to Win, James Hoffa Jr., quien también es presidente de Teamsters, podrían haber deshecho la ridícula afirmación de que “las compañías estadounidenses están gravadas en una de las tasas más altas en el mundo”. De hecho, la General Motors, General Electric, Pfizer, Citibank y otras, han logrado escudar de los impuestos, miles de millones en ganancias e incluso obtener créditos fiscales.

‘Tradición colaboracionista de clase’

Sin embargo, el día después del discurso, Trumka entró a los estudios de Fox Business News y calificó el discurso como “uno de los mejores momentos [de Trump]”. Le dio crédito al presidente por la desaparición del Tratado Transpacífico (TPP), sabiendo muy bien que el tratado anti obrero ya estaba muerto antes de que Trump asumiera el cargo.

¡Y peor aún, Trumka estuvo de acuerdo con la mentira racista de que la inmigración reduce los salarios!

Trumka no está solo en su traicionero posicionamiento. En enero, días después de la inauguración, Hoffa hizo declaraciones elogiando a Trump por haber “dado el primer paso arreglando 30 años de malas políticas comerciales” y por “las órdenes ejecutivas de hoy que avanzarán la construcción del oleoducto Keystone XL Y el Dakota Access Pipeline, creando miles de buenos empleos sindicales”. Incluso antes de que el presidente asumiera el cargo, los líderes de los sindicatos de construcción, los trabajadores del automóvil y los sindicatos del metalúrgico expresaron su voluntad de “darle a Trump una oportunidad”.

Este acomodamiento es un retroceso al sindicalismo racista de Samuel Gompers, que fundó la Federación Americana del Trabajo (AFL) en 1884. Excepto por un breve intervalo de un año, Gompers fue presidente vitalicio hasta su muerte en 1924. Aunque nació en Bretaña, Gompers apoyó la legislación contra inmigrantes y abogó por su estricta aplicación, desde la Ley de Exclusión de chinas/os de 1882 hasta la Ley de Inmigración de 1924.

En lugar de unificar a toda la clase obrera, la AFL fomentó la división; muchos sindicatos de AFL negaron la membrecía a trabajadores de color y a mujeres. La AFL evitó organizar la vasta mano de obra industrial, organizando principalmente a trabajadores de oficios especializados. Gompers apoyó la máquina de guerra imperialista en la Primera Guerra Mundial.

Después de la muerte de Gompers, William Green mantuvo la orientación divisiva. Green denunció las huelgas heroicas de los años treinta y atacó el Congreso de Organizaciones Industriales (CIO), que organizó a los desorganizados después de separarse de la AFL en 1935. Green también sirvió como presidente vitalicio hasta su muerte en 1952.

Fueron los United Mineworkers de Trumka, bajo el liderazgo anterior de John L. Lewis, quien lideró la escisión de la AFL. Pero ahora, Trumka simboliza esa tradición conservadora de colaboración de clases. Los colaboracionistas se comportan como si llevarse bien con el enemigo – a través de la “cooperación sindical-patronal” – pueden negociar algunas migajas para su membresía.

Esta corriente ha dominado el movimiento sindical estadounidense desde la purga de los sindicatos y líderes izquierdistas durante la era de McCarthy. Poco tiempo después de las purgas, la AFL y el CIO se reunieron bajo el tercer presidente perpetuo, George (“nunca caminé en una línea de piquete”) Meany.

En los años ochenta, dar concesiones en las negociaciones se convirtió en la norma del movimiento sindical. La clase capitalista usó el proceso de negociación para intimidar a los sindicatos a que renunciaran lo que habían ganado por luchas en el pasado. Los dirigentes sindicales convencían a sus miembros de que devolvieran beneficios para que las empresas estadounidenses fueran rentables o “competitivas”. Los trabajadores fueron llevados a creer que podrían perder sus puestos si luchaban.

Ahora Trumka, Hoffa y sus colegas han llevado la colaboración de clases a su manifestación extrema. Yendo más allá de la asociación con compañías individuales, Trumka usó la palabra “socio” para describir su trabajo sobre asuntos comerciales con el administrador fascista del estado capitalista.

Muchas/os miembros de base están disgustados. Si los falsarios “líderes” del movimiento sindical continúan en este desastroso curso suicida pueden encontrarse que tienen que cruzar una línea de piquete en camino a sus lujosas oficinas.

¡Hablemos de huelga!

Aún cuando la híper-especulación empuja el mercado de valores a nuevas alturas, los salarios están cayendo, la inflación está matando los presupuestos de las/os trabajadores, y millones están todavía desempleadas/os y subempleadas/os. El sindicalismo organizado debería estar entre quienes quieren paralizarlo todo. El plan de Trump para recortar empleos federales debe ser respondido con exigir una semana de trabajo más corta – sin recortar la paga – para extender los trabajos a más personas.

Aunque hay sólo alrededor de 10 por ciento de la clase trabajadora estadounidense en sindicatos, representan a millones de trabajadoras/es estratégicamente posicionados para detener la economía. ¡Qué crisis fue para Wall Street la última huelga de tránsito en la Ciudad de Nueva York!

Si el movimiento sindical apoyara un llamado a una huelga general, no sólo para sus propias/os miembros, sino para toda la clase obrera, proporcionaría una red de seguridad para todas/os los trabajadores que salieran. Diría a las/os inmigrantes y a las/os trabajadores de bajos salarios: si ustedes son lo suficientemente valientes como para arriesgar sus empleos en una huelga el 1 de mayo, los sindicatos les protegerán.

Hay voces que apoyan esta orientación. SEIU United Service Workers West, que representa a más de 40.000 trabajadoras/es del servicio de propiedad de California, emitió una declaración que dice en parte: “Es hora de levantarse como pueblo contra el fascismo y el liderazgo autocrático”.

“Es hora de RESISTIR. Es hora de defender a todas las personas, incluyendo a las/os trabajadores, inmigrantes, musulmanes, mujeres, y personas LGBTQ. Es hora de defender nuestro clima, nuestras escuelas y nuestros sindicatos”.

“Este es un llamado a todas/os los trabajadores, a todas las comunidades: únanse a nosotros en las calles en una huelga general el 1 de mayo de 2017”!

¡Ha llegado el momento de paralizarlo todo!