Plebiscito colombiano, un desvío peligroso para la paz

Una evaluación inicial

Los resultados del plebiscito del 2 de octubre en Colombia respecto a la aceptación o no del Acuerdo Final firmado por las FARC-EP y el gobierno de Colombia después de cuatro años de difíciles conversaciones de paz en La Habana, Cuba, pueden peligrosamente desviar el proceso de paz en ese país.

Es preciso señalar que el voto, 49,77 por ciento para el “Sí”, y 50,22 para el “No”, de ninguna manera reflejan la voluntad del pueblo colombiano, y aunque “legal”, no es legítimo.

¿Por qué?

En primer lugar, sólo el 37 por ciento de las/os votantes registrados ejerció ese derecho. Hubo regiones de la costa norte, donde la gente no pudo incluso ir a la cabina de votación debido a las inundaciones causadas por el huracán Mateo. Estos eran lugares donde se esperaba que el voto Sí predominara. ¿Qué legitimidad tiene este resultado cuando las regiones periféricas y la mayoría de las víctimas del conflicto armado votaron Sí, y sin embargo, el plebiscito fue decidido por las zonas menos afectadas por la guerra y con el menor número de víctimas, el centro del país?

¿Cuáles fueron las razones?

Las encuestas antes de las elecciones anunciaban una victoria del 70 por ciento para el Sí; lo que hizo que alguna gente que tenía previsto votar por el Sí se abstuvieran, pensando que su voto no sería necesario.

Luego, y lo más importante, fue la terrible campaña de desinformación dirigida por el derechista Centro Democrático (CD) del ex presidente Álvaro Uribe – un feroz pro-paramilitarista opuesto al proceso de paz. El pasado 5 de octubre, Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña del No, expuso su estrategia en una entrevista con el diario La República:

“Descubrimos el poder viral de las redes sociales. Por ejemplo, en una visita a Apartadó, Antioquia, un concejal me pasó una imagen de Santos y ‘Timochenko’ con un mensaje de por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba en la olla. Yo la publiqué en mi Facebook y al sábado pasado tenía 130.000 compartidos con un alcance de seis millones de personas…. .. la estrategia era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación”. (­Larepublica.co) Esta estrategia fue ideada con diferentes mensajes engañosos para atraer a las diferentes regiones y estratos sociales.

Luego estaba el sector religioso que organizó activamente contra el acuerdo debido al enfoque de género del convenio – las mujeres y la comunidad LGBTQ participaron activamente para el desarrollo de un resultado sumamente progresista del Acuerdo Final.

La campaña del Sí, por otro lado no pudo lanzar una campaña exitosa para explicar el acuerdo en detalle.

A pesar de estos hechos, el presidente Juan Manuel Santos invitó a Uribe a la casa presidencial para “negociar” y escuchar las propuestas del CD el cual propone renegociar el acuerdo. Esto representa un peligro para el proceso de paz ya que se basa principalmente en el castigo de la guerrilla y la prohibición de que tengan un papel político legal y público lxs desmovilizados de las FARC-EP.

No hay que olvidar que cuando Uribe fue presidente, negoció por la amnistía de los paramilitares desmovilizados que cometieron crímenes probados de lesa humanidad. El propio Uribe es un criminal responsable de masacres, tráfico de drogas, escuchas telefónicas ilegales, desplazamiento de miles de personas pobres y de la muerte de personas inocentes en la zona de Soacha donde jóvenes eran asesinados y luego vestidos con el uniforme de las FARC. Ahora Uribe es un senador en la legislatura de Colombia, disfrutando de total impunidad.

El resultado del plebiscito realmente pone de relieve las divisiones dentro de la oligarquía colombiana. Uribe representa los grandes terratenientes y ganaderos que temen el impacto en sus negocios del acuerdo definitivo entre las FARC y el gobierno. En particular, la parte agraria de los acuerdos que llama a la distribución de tierras para las/os pequeños campesinos y la compensación a las víctimas del conflicto.

Santos, por el contrario, representa el segmento de la oligarquía que quiere establecer los megaproyectos mineros y la industrialización de la economía colombiana por lo que necesita la “paz de los cementerios” para atraer a las empresas extranjeras. La insurgencia armada, tanto el ELN y las FARC, hasta ahora han sido el obstáculo más importante que impide la total toma de control de las tierras y las riquezas de las/os colombianos por parte de la sed de ganancias de corporaciones transnacionales.

Esto quedó ilustrado por una conversación casual que esta escritora sostuvo el 19 de septiembre con una comerciante de un pequeño puesto de suvenires en Bogotá. La propietaria, una mujer de una de las regiones costeras, dijo que iba a votar Sí porque quería la paz en su país. Afirmando que ella no era amiga de las FARC porque tenía parientes que fueron víctimas de la insurgencia, sin embargo, reconoció el papel de las FARC en la prevención del robo de la tierra por empresas transnacionales.

Movilizaciones en las calles

Pero ahora no le corresponde únicamente a la oligarquía decidir cuál es la ruta del proceso de paz. Indignados por los resultados del plebiscito, un grupo de jóvenes inmediatamente salieron a las calles para exigir el establecimiento del Acuerdo Final. Bajo el hashtag de #PazAlaCalle, empezaron a organizar a través de las redes sociales para demostrar el apoyo en las calles para el acuerdo firmado.

Por miles, el 5 de octubre, las y los colombianos se manifestaron en lo que ha sido la mayor protesta en años recientes. Dieciséis ciudades participaron y un permanente – y creciente – campamento se ha establecido en la céntrica Plaza Bolívar en Bogotá.

Juan David Ojeda, uno de los manifestantes, declaró en una entrevista con Telesur, “Invitamos a los jóvenes a que dejen a un lado las redes sociales y vengan a la Plaza Bolívar, a parques y otros escenarios de uso público para exigir un acuerdo pronto, no necesitamos más la guerra”.

Las protestas y eventos en pro del acuerdo desde entonces se han producido en diferentes lugares del país. En Medellín, la fortaleza de Uribe y una de las ciudades con más votos por el No – casi el 63 por ciento – llevó a cabo una masiva movilización el pasado viernes 7 de Oct. bajo el lema “La paz nos pertenece” iniciado por la juventud y con el apoyo de muchas otras organizaciones cívicas, universitarias, de la mujer, de víctimas y miembrxs dela comunidad LGBT.