Lo que Iowa expresa

Editorial WW-MO, 2 de febrero 2016

Sería precipitado el tratar de predecir los resultados de las elecciones presidenciales de Estados Unidos basado en lo que pasó en Iowa el 1 de febrero. Iowa no es típico del país. Si las/os participantes se hubieran movido políticamente hacia la derecha, podría ser desestimado como algo no representativo de las grandes masas populares concentradas en las grandes ciudades. Todo el país en su totalidad es mucho más multinacional, con muchas más personas de color que en Iowa.

Pero las/os votantes no se inclinaron a la derecha. Las/os de la asamblea del Partido Demócrata casi seleccionan a Bernie Sanders como su candidato, y las/os republicanos optaron por no elegir a Donald Trump, cuyo veneno racista y antiinmigrante es superado en cantidad sólo por su inmensa fortuna.



Trump se ha posicionado como alguien ajeno al pútrido establecimiento y como guerrero que lucha en contra de ese sistema – como si sus miles de millones no lo pusieran en el mismo centro de ese nido de víboras.



Desde el punto de vista que refleja la lucha de clases, todo el proceso electoral es muy sesgado. Algunas de las acciones más militantes tomadas por las/os trabajadores de bajos ingresos en estos días involucran a las/os inmigrantes, muchas/os de ellos indocumentados a quienes no se les permite votar. Por eso, el impacto que tienen sobre los sindicatos y en la conciencia de clase en general, no se refleja en las elecciones – salvo que ha levantado una conciencia general sobre la opresión y la necesidad de un cambio, particularmente entre las/os jóvenes.



Sin embargo, considerado todo esto, no podemos ignorar lo que parecen ser señas perceptibles de un cambio en el ambiente político, reflejado en los votos de Iowa.



El hecho de que Sanders, el senador de Vermont que se describe a sí mismo como un socialista democrático, quedara a tres décimas de punto porcentual detrás de Hillary Clinton, una veterana del establecimiento político del Partido Demócrata, merece un análisis. Probablemente fue una sorpresa para muchos que han vivido toda su vida en un ambiente político donde el socialismo ha sido considerado como una traición o hasta satánico.



En Europa, donde el capitalismo ha sido igual de corrupto y asesino como en EUA, desde los días de puro colonialismo hasta el dominio imperialista de hoy sobre las finanzas del mundo, un “socialista democrático” en la política no es gran cosa. Las clases dominantes de allá saben cómo coexistir con los partidos que “pacíficamente” transan con el sistema, con la esperanza de poder extraer algunas concesiones. Pero en EUA, la expresión de apoyo al socialismo de cualquier tipo por las/os votantes ha estado totalmente suprimida desde los días cuando Eugene Debs se postuló para presidente desde la cárcel en 1920.



Sanders en realidad no representa ningún partido, lo que puede ser parte de sus fortalezas en este punto de la carrera, cuando el establecimiento político es altamente sospechoso. Él es un independiente, pero  corre como demócrata en las primarias.



No hay duda de que el profundo dolor sentido por grandes sectores de la clase obrera y muchos en la clase media, también haya influido en este resultado electoral. Ya sea por la salud, el desempleo, las deudas, el encarcelamiento, por depresión y desesperación, por el deterioro de la infraestructura o la creciente crisis climática – la mayoría de la población se ha venido desencantando con el sistema. Esto se está convirtiendo en ira contra los súper-ricos y sus peones políticos. En muchos casos, ha llevado al activismo en torno a un mar de causas sociales, la mayoría de ellas progresistas, aunque no todas.



En ninguna parte el dolor se siente con más intensidad que en los pueblos oprimidos – negro, latino, indígena, musulmán, y en las/os inmigrantes documentados e indocumentados. Todos los índices sociales muestran los efectos devastadores del racismo y la discriminación en este país.

Aquí es donde Sanders ha mostrado debilidad. Y las encuestas de Iowa lo revelaron. El voto negro allí, de acuerdo con informes preliminares, favoreció mayormente a Clinton.

El enfoque de Sanders sobre las/os trabajadores – o “clase media” – en su conjunto, deja de lado las enormes desigualdades que existen, incluso después de siglos de lucha por las/os negros, latinos e indígenas contra la opresión e incluso contra el exterminio a manos de los colonizadores europeos y sus descendientes. Está bien que Sanders hable de mejorar la economía, atacando la enorme disparidad de ingresos y luchando contra los criminales corporativos, pero no es suficiente.

Sin solidaridad no puede haber un avance real por la clase obrera en EUA en contra de la explotación y la opresión despiadada impuesta todos los días por los patronos capitalistas y su estado represivo. En este país, el mayor obstáculo para la solidaridad ha sido el racismo y la opresión nacional.

Fue bueno que el movimiento Las Vidas Negras Importan no esperó por las elecciones para salir a las calles y movilizarse contra el terror racista de la policía y todas las otras injusticias de este sistema. Aquí es donde va a ocurrir el avance real—por lo mismo que tomó un movimiento de derechos civiles para acabar con la segregación como sistema legal.

El Partido Workers World-Mundo Obrero está corriendo sus propios candidatos en esta elección presidencial—Monica Moorehead para presidenta y Lamont Lilly para vicepresidente, ambos afroamericanos—para hacer hincapié en que la lucha contra el racismo y la opresión nacional es la clave para derribar con éxito este decadente sistema capitalista. Creemos que este es un buen momento para llegar a las masas, no sólo para conseguir votos, sino para inspirar a aquellas/os que ya están hartos del capitalismo y necesitan saber que construyendo solidaridad multinacional de clase desatará el poder que necesitamos para ganar ese cambio revolucionario.