No hay libertad de expresión en la Casa Blanca

Protesta frente a CBS tras la toma de control por parte de la familia Ellison en Filadelfia, 31 de agosto de 2025. / Crédito: Foto de MO: Joe Piette

El presidente número 47 continuó esta semana sus ataques contra la democracia burguesa básica al vetar a periodistas de CNN, MS NOW y Político. Los guardias confiscaron sus credenciales el 19 de septiembre cuando intentaban entrar en la Casa Blanca.

No es la primera vez que Trump restringe la libertad de prensa. Como informó el New York Times: “El Departamento de Justicia ha enviado agentes del FBI a los domicilios de periodistas para entregar citaciones judiciales y, en al menos un caso, ha exhibido una orden para incautar dispositivos. El Pentágono ha despedido al editor y al director de su periódico tradicionalmente independiente, Stars and Stripes. … Enojado por noticias que no son de su agrado, el presidente Trump ha demandado a importantes organizaciones de noticias, y la Casa Blanca ha tomado el control del grupo de prensa —anteriormente independiente— que sigue al presidente, decidiendo qué medios pueden participar”. (12 de septiembre)

Esta última medida del presidente número 47 provocó airadas protestas de políticos y medios de comunicación burgueses, que calificaron las nuevas restricciones del presidente de ilegales e inconstitucionales. “Ninguna organización de noticias —ni ninguna persona— debería sufrir represalias por parte del gobierno debido a las palabras que utiliza”, se quejó Lauren Easton, portavoz de The Associated Press. El Times y el Washington Post criticaron duramente el ataque a la libertad de expresión y de prensa.

Entre los políticos que se sumaron a la condena de Trump figuraban los senadores Elizabeth Warren, Bernie Sanders y Chuck Schumer. El representante de la Cámara Jamie Raskin instó a los medios de comunicación a boicotear la Casa Blanca si el presidente no revocaba su veto.

Incluso colaboradores de Fox News criticaron al presidente número 47; uno de ellos, Jonathan Turley, declaró: “Impedir el acceso a la Casa Blanca a medios que no son del agrado del poder sienta un precedente y una práctica terribles”. (New York Times, 19 de septiembre)

Más tarde, Fox rectificó su postura; el presentador de programas de opinión Joey Jones declaró, en referencia a la prohibición, que no «derramaría ni una lágrima» por ella. (mediate.com, 20 de septiembre)

Libertad de expresión para unos, pero no para otros

Estos mismos políticos y medios de comunicación han guardado silencio ante los ataques —al estilo de la era McCarthy— perpetrados por el Departamento de Justicia contra organizaciones genuinamente progresistas, ataques que buscan criminalizar la oposición al bloqueo estadounidense contra Cuba y a la guerra contra Irán. Permanecen callados ante las horribles masacres, la hambruna y otras formas de trato inhumano en Gaza, negándose a calificar la situación de genocidio.

Todo esto ocurre al mismo tiempo que Paramount intenta adquirir Warner Bros. Discovery, lo que situaría a CNN bajo el mismo paraguas que CBS, cadena controlada por aliados de Trump: Larry Ellison y su hijo David Ellison.

¿Qué les preocupa ahora en los casos de CNN, MSNBC y Político? Quizás el Times, el Post, la AP y los políticos demócratas teman que el «número 47» esté yendo demasiado lejos. Tal vez incluso teman convertirse en el próximo objetivo de sus políticas fascistas y antidemocráticas.

Trump, multimillonario y amigo íntimo de algunos de los hombres más ricos del mundo —como Jeff Bezos y Elon Musk—, encarna la fase terminal del capitalismo. Sus inclinaciones fascistas reflejan la crisis del sistema; es la clase capitalista, y no solo Trump, la que reacciona ante su decadencia como bestias salvajes y rabiosas.

Lo que realmente desean estos falsos defensores de las libertades civiles —sean o no conscientes de ello— es volver a una etapa anterior del capitalismo. Abogan por un escenario en el que la expansión imperialista otorgaba a la clase dominante la seguridad necesaria para conceder mayores márgenes de libertad democrática y permitir el debate entre sus distintas facciones.

Mundo Obrero condena estos recientes ataques de la derecha contra la libertad de expresión. Sin embargo, este periódico no aspira a regresar a los «buenos viejos tiempos» de las libertades constitucionales reservadas para liberales y moderados —así como para conservadores e incluso fascistas, a quienes los liberales burgueses defienden sistemáticamente. La única garantía frente a un futuro fascista es deshacerse del capitalismo y construir una economía socialista. 

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