Mensaje del Líder de la Revolución con motivo del Día Nacional del Golfo Pérsico
Por invitado
El Día Nacional del Golfo Pérsico fue instituido en 2005 por el Gobierno iraní. La fecha elegida para esta celebración anual es el 10 de Ordibehesht del calendario persa (29 o 30 de abril). Conmemora un acontecimiento histórico para Irán: la expulsión de las fuerzas coloniales portuguesas del estrecho de Ormuz en 1622. A continuación se presenta el mensaje del Líder de la Revolución, difundido con motivo de esta celebración, traducido por Tlaxcala.
En el nombre de Alá, el Compasivo, el Misericordioso

La toma de Ormuz por el imán Quli Khan y su ejército en 1622.
El Golfo Pérsico es una de las bendiciones incomparables que Alá Todopoderoso ha concedido a las naciones musulmanas de nuestra región, en especial al noble pueblo del Irán islámico. Una gracia mucho mayor que una simple extensión de agua: ha forjado parte de nuestra identidad y civilización, y, más allá de ser un punto de unión entre los pueblos, ha creado, a través del estrecho de Ormuz y luego el mar de Omán, una vía vital y única para la economía mundial.
Este capital estratégico ha despertado, a lo largo de los siglos pasados, la codicia de numerosos demonios. Las repetidas agresiones de los extranjeros europeos y estadounidenses, la inseguridad, las pérdidas y las múltiples amenazas que han sufrido los países de la región no son sino una muestra de los siniestros planes que las potencias arrogantes del mundo han urdido contra los habitantes del Golfo Pérsico. El ejemplo más reciente es la reciente intimidación del Gran Satán.
La nación iraní, que posee la costa más extensa del Golfo Pérsico, ha realizado los mayores sacrificios por la independencia de esta región y para hacer frente a extranjeros y agresores. Desde la expulsión de los portugueses y la liberación del estrecho de Ormuz –origen de la celebración del 10 de Ordibehesht como Día Nacional del Golfo Pérsico– hasta la lucha contra el colonialismo holandés y las epopeyas de resistencia frente al colonialismo británico, entre otras gestas.
Pero fue la Revolución Islámica la que marcó el punto de inflexión en esta resistencia, apartando a las potencias arrogantes de la región del Golfo Pérsico. Hoy, dos meses después de la mayor campaña militar y agresión de los tiranos del mundo en la región, y la humillante derrota de Estados Unidos en su plan, se está escribiendo una nueva fase para el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz.
Los pueblos de la región del Golfo Pérsico, acostumbrados durante largos años al silencio y la resignación de sus gobernantes frente a los tiranos y agresores, han podido ver con sus propios ojos, en los últimos sesenta días, las hermosas manifestaciones de entereza, vigilancia y yihad de los valientes hombres de las fuerzas navales del Ejército y del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica, junto al honor y la bravura del pueblo y la juventud del sur del querido Irán, en su rechazo a la dominación extranjera.
Hoy, por las bondades de Dios Altísimo y por la bendición de la sangre de los mártires de la tercera guerra impuesta –en particular la del Gran Líder visionario de la Revolución Islámica, que Dios eleve su rango–, ha quedado claro, no solo para la opinión pública mundial y los pueblos de la región, sino también para los soberanos y gobernantes de los países, que la presencia y el asentamiento de los extranjeros estadounidenses en las tierras del Golfo Pérsico son el factor más importante de inseguridad en la región, y que las bases ficticias de Estados Unidos no tienen siquiera la capacidad de garantizar su propia seguridad, y mucho menos la de sus protegidos y los americanófilos de la región.
Un futuro sin Estados Unidos
Por la voluntad y el poder divinos, el futuro brillante de la región del Golfo Pérsico será un futuro sin Estados Unidos, al servicio del progreso, el confort y el bienestar de sus pueblos. Compartimos con nuestros vecinos del Golfo Pérsico y del mar de Omán un «destino común». Los extranjeros que, llegados desde miles de kilómetros, cometen allí actos maléficos con avidez no tienen lugar en él, salvo en el fondo de sus aguas. Y esta serie de victorias –que, gracias a su Señor Bendito y Altísimo, se ha realizado bajo la sombra de las políticas de resistencia y la estrategia de un Irán fuerte– será el amanecer de un nuevo orden regional y mundial.
Hoy, el despertar milagroso de la nación iraní no se limita ya a las decenas de millones de voluntarios dispuestos a sacrificarse en la lucha contra el sionismo y la sanguinaria América. A la vanguardia de las filas unidas de la Umma islámica resucitada, noventa millones de nuestros valientes y honorables compatriotas, dentro y fuera del país, consideran todas las capacidades identitarias, espirituales, humanas, científicas, industriales y tecnológicas –desde las nanociencias y biotecnologías hasta la energía nuclear y los misiles– como su capital nacional y las protegerán al igual que las fronteras marítimas, terrestres y aéreas.
El Irán islámico, agradeciendo concretamente la gracia que supone la gestión del estrecho de Ormuz, hará seguro el Golfo Pérsico y acabará con la explotación de esta vía fluvial por parte del enemigo agresor. Las reglas jurídicas y la nueva gestión del estrecho de Ormuz traerán confort y progreso en beneficio de todos los pueblos de la región, y sus frutos económicos alegrarán el corazón de la nación; por voluntad de Alá, a pesar de la aversión de los incrédulos.
Seyyed Mojtaba Hosseini Khamenei
10 de Ordibehesht de 1405
[30 de abril de 2026]
