Trump, el presidente gánster

De acuerdo con su papel en la sociedad capitalista, la mayoría de los altos funcionarios del gobierno, elegidos o nombrados, tienen cualidades de gánster. Estos funcionarios pasan gran parte de su tiempo conspirando esquemas con los ricos para estafar o atacar de otra manera a las masas populares. A diferencia de la mafia, deben obrar en el marco de la política capitalista.

La mafia se diferencia del establecimiento capitalista en que no está obligada a cometer sus crímenes bajo cobertura legal. Al contrario, las actividades de la mafia ocurren fuera de los límites de la legalidad burguesa con el consentimiento silencioso de la clase dominante y sus agencias policiales. Además, los crímenes de la mafia son mucho menores que los crímenes del Pentágono, la CIA y el FBI.

Dicho esto, entre los políticos burgueses con más cualidades de gánster, está Donald Trump. Él es un mimado multimillonario de bienes raíces que funciona ordenando a sus subordinadas/os, robando a contratistas y a trabajadoras/es. Cuando se ve atrapado en un error, moviliza a su ejército de abogados para que lo limpien.

Ganó la presidencia utilizando su carrera televisiva como un trampolín y aprovechando la quiebra de la dirección del Partido Demócrata. Sus estrategas de campaña también se aprovecharon de la antidemocrática institución del Colegio Electoral para conseguir una victoria electoral mientras perdían el voto popular. (Hillary Clinton ciertamente era también una enemiga del pueblo, corrupta, militarista, propiedad de Wall Street).

Presidencia como el camino hacia (más) riquezas

Trump no sólo ha rehusado desprenderse de sus multimillonarios activos, sino que ha tratado de ganar aún más al estar en la Casa Blanca. Sigue instando a líderes y asociados extranjeros a quedarse en su hotel en Washington. Ha aumentado el costo de la membresía en el club de golf de Mar-a-Lago de $100.000 a $200.000. Ha rehusado publicar sus declaraciones de impuestos para así cubrir sus inversiones. Tiene negocios en Turquía, Azerbaiyán y otros lugares alrededor del mundo. Ha elaborado un plan de impuestos del cual él y sus compañeros magnates inmobiliarios cosecharán cientos de millones de dólares.

Su hija, Ivanka Trump, sigue difundido su marca mundialmente. Su yerno y consejero principal Jared Kushner, mantiene su propio imperio inmobiliario. “Aunque el Sr. Kushner renunció en enero a su cargo de director ejecutivo en Kushner Companies”, informa el New York Times del 26 de abril, “sigue siendo el beneficiario de los fideicomisos que poseen el creciente negocio de bienes raíces. La firma ha participado en aproximadamente $7 mil millones en adquisiciones durante la última década, muchas de ellas respaldadas por socios extranjeros cuyas identidades no revela”.

Ahora este bufón derechista, autoritario y fanfarrón, que no sabe nada de política burguesa y no tiene ninguna inclinación de aprender o buscar consejo, está formalmente a cargo del imperialismo estadounidense.

Cuando Trump mete al capitalismo estadounidense en problemas con sus aliados imperialistas estadounidenses en la OTAN, o amenaza los intereses corporativos al hablar de las guerras comerciales con la República Popular China (1.3 mil millones de habitantes), Canadá y México (los dos mayores mercados comerciales de EUA), no puede conseguir que el Congreso Republicano quite asistencia de salud a 24 millones de personas, o apruebe una prohibición de viajar contra musulmanes que provoca un movimiento mundial, o amenaza con provocar una rebelión masiva diciendo que deportará a 11 millones de trabajadoras/es indocumentados, etc., todos sus subordinados, lacayos y abogados no pueden ayudarle a salir del problema.

La clase dominante está ambivalente acerca de Trump – con razón. Por un lado, están salivando sobre su recorte de impuestos para multimillonarios y grandes corporaciones. Están extáticos por su campaña de desregulación que permite, entre otras cosas, a las compañías de carbón envenenar el agua potable, destruir las normas de emisiones de autos para ayudar a la industria automovilística y eliminar las regulaciones ambientales para ayudar a la gran industria. Y, por supuesto, les encanta sus exenciones tributarias para las compañías de seguros de salud.

Por otro lado, se sienten frustrados porque esperaban obtener grandes exenciones tributarias a partir de la revocación de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, y querían poner sus manos en $880 miles de millones en recortes de Medicaid para que se  financiaran incentivos fiscales para los ricos. Sin embargo, aunque la clase dominante quiere aprovecharse de los recortes tributarios de Trump y las  desregulaciones, no quieren que arruine su sistema. Por eso han tomado medidas contra él. Primero, lo han rodeado de generales y banqueros de Wall Street en la Casa Blanca y el Gabinete.

Limitan presupuesto de Trump y rechazan NAFTA

Pero últimamente le han dado una paliza en las negociaciones presupuestarias. En el último presupuesto de $1,2 billones, Trump salió con las manos vacías, a pesar de toda su gritería. En las negociaciones, Trump fue rechazado por los representantes fieles de la clase dominante en el Congreso sobre cuestiones clave:

  • El gasto interno aumentó, en lugar de los $18.000 millones en recortes exigidos por Trump.
  • Trump quería que el presupuesto nacional de los Institutos de Salud se redujera en $1.2 miles de millones. En cambio, se incrementó en 2.000 millones de dólares.
  • Trump pidió que el presupuesto de la Agencia de Protección Ambiental se redujera en un 33 por ciento. En cambio, se redujo en un 1 por ciento.
  • Planned Parenthood continuará siendo financiado a los niveles actuales en estados que no voten para retirar la subvención.
  • Trump pidió $30.000 millones en aumento del gasto militar. Consiguió $12.500 millones y otros $2.500 millones cuando presente un plan para derrotar al grupo del Estado islámico.
  • No hay dinero para su amado Muro de la Frontera; sólo fondos de seguridad fronteriza para nuevas tecnologías y reparaciones; de hecho, los fondos para la “seguridad fronteriza” se redujeron y no hubo dinero para una fuerza de deportación.
  • Los subsidios de salud para los pobres seguirán (el dinero va a las compañías de seguros).

“El gobierno de Trump dijo que ya no estaba considerando retirarse del TLCNA, después de un día de intenso cabildeo de líderes empresariales y legisladores que se unieron para anular la discusión interna de la Casa Blanca sobre la perspectiva”, escribió el Wall Street Journal el 27 de abril. Trump se vio obligado a llamar a los presidentes de México y Canadá para decirles que había abandonado la derogación. Luego emitió un tuit diciendo que lo habían llamado, en lugar de admitir que los grandes negocios y la agroindustria lo habían obligado a retroceder.

Trump, China y la RPDC

Washington está en medio de una crisis en Corea. Aunque necesita la cooperación del régimen surcoreano para perseguir su agenda beligerante, Trump aprovechó este momento para decirle al gobierno surcoreano que quiere romper el acuerdo comercial con su país. Es un “mal acuerdo” negociado por el presidente Obama, según Trump. En realidad, fue negociado bajo George W. Bush.

Empeorando las cosas, Trump le dijo al gobierno de Corea del Sur que tendría que pagar $1 mil millones para el sistema antimisiles THAAD del Pentágono, a pesar del acuerdo existente en que EUA pagaría el costo de su despliegue. El Asesor de Seguridad Nacional, General H. McMaster tuvo que telefonear a funcionarios  surcoreanos y asegurarles que EUA pagaría. (WSJ, 30 de abril)

Trump tiene una visión excesiva de sus poderes personales. Afirma tener una buena relación con el presidente Xi Jinping de la República Popular de China. Afirma que debido a sus llamadas telefónicas con Xi, China va a ayudar al gobierno de EUA a salir de su situación con la desafiante República Popular Democrática de Corea.

Trump ha tratado de hablar suave con China y duro con la RPDC. Pero la verdad es que los líderes de la República Popular China, especialmente su ejército, el Ejército Popular de Liberación, no pueden ignorar los hechos imperantes de la crisis en la península coreana.

En una llamada telefónica el 23 de abril, el presidente Xi pidió a Trump que se abstuviera de aumentar las tensiones en la región, incluso si la RPDC anunciaba pruebas de misiles o armas nucleares. Xi hizo un llamado a Trump para que no se entretenga en disputas y se mueva hacia negociaciones.

Evidentemente, no estamos de acuerdo con Xi en que la RPDC debe presionarse para que abandone su lucha por construir un elemento de disuasión nuclear. Pero, de todas formas, el jefe de la República Popular China pidió a Trump que bajara el tono.

Un día después, el 24 de abril, en plena noche, EUA desplegó en Corea del Sur el sistema anti-misiles THAAD, que está equipado con un radar de alta potencia que llega más allá de la RPDC y puede ser utilizado para espiar el Ejército chino. La República Popular China ya ha dicho que este despliegue desestabilizaría el equilibrio estratégico en la región a favor del imperialismo estadounidense.

El liderazgo chino y el EPL están conscientes de la amenaza. No puede ser coincidencia que el mismo día del despliegue, China probó su primer portaaviones de fabricación nacional. El buque se completará en 2020. “China ha lanzado su primer portaaviones construido por sí sola, en una demostración de la creciente sofisticación técnica de sus industrias de defensa y la determinación de salvaguardar sus reivindicaciones territoriales marítimas y rutas comerciales cruciales. El transportador de 50.000 toneladas fue remolcado de su astillero justo después de las 9 de la mañana del miércoles.” (Washington Post, 26 de abril)

Pero el mensaje implícito es que China tiene su propio poder naval, incluyendo un portaaviones armado y funcional construido por la ex-URRS que obtuvo de Ucrania y fue restaurado. China contuvo su respuesta a Trump y al Pentágono al no desplegar su portaaviones armado y desplegar en su lugar el aún sin terminar. Pero el mensaje fue enviado.

Lo que también queda claro de estos acontecimientos es que el imperialismo estadounidense y el Pentágono son los enemigos tanto de la RPDC como de la República Popular China. El Pentágono obra por venganza contra la RPDC porque este heroico país socialista se ha enfrentado sin temor a Washington, tan firmemente ahora como lo hizo durante la Guerra de Corea de 1950-53, cuando rechazó la poderosa máquina de guerra estadounidense.

El imperialismo estadounidense también se opone a la República Popular China porque, a pesar del crecimiento de millonarios y multimillonarios capitalistas dentro del país socialista, el Partido Comunista de China y el Ejército Popular de Liberación siguen siendo guardianes de las empresas estatales y de la planificación económica que son características del socialismo.

Washington se da cuenta de que mientras el imperialismo estadounidense está sumido en el estancamiento económico y crisis militares y políticas en todo el mundo, China se está fortaleciendo cada vez más, tanto económica como militarmente. Está aumentando su influencia en Asia, África y América Latina a través de proyectos de infraestructura que ayudan a las antiguas colonias a superar el subdesarrollo impuesto por los imperialistas.

En un momento en que el imperialismo de EUA está fuera de balance tanto en el país como en el exterior, la clase dominante capitalista tiene que mantener a raya a su presidente gánster, para que no aumente la inestabilidad de Washington.

A pesar de todos los intentos de la clase dominante de distanciarse de Trump, el gobierno capitalista es el comité ejecutivo de la clase dominante. Karl Marx lo dijo hace mucho tiempo, y todavía es cierto hoy en día.

Hay muchas maneras en que los patronos podrían deshacerse de él, dada toda la ilegalidad de su régimen de enriquecimiento familiar. Sin embargo, la clase dominante es la responsable de mantener a Trump en el cargo y por cada acción racista y reaccionaria que éste haga. Trump es el representante de su clase, y las masas deben responsabilizar a los capitalistas por cada crimen que comete contra el pueblo.