Protestas en aeropuertos establecen nuevo nivel de solidaridad

30 de enero — La ola de protestas en los aeropuertos contra la prohibición musulmana de Trump representa una nueva marca en la solidaridad con las/os musulmanes en Estados Unidos. Estas manifestaciones son un rechazo político a la feroz islamofobia alimentada durante año y medio por Donald Trump, junto con su discriminación contra México y muchos otros temas reaccionarios.

De hecho, la islamofobia ha reemplazado el anticomunismo en el siglo XXI como la principal estrategia divisiva, racista, y de divide y vencerás para fomentar la guerra, la intervención y la vigilancia policial. Ahora los islamófobos están siendo rechazados.

Desde el 11 de septiembre del 2001 y los bombardeos del World Trade Center, las/os musulmanes y aquellos en el movimiento que les apoyan contra el prejuicio de la clase dominante y la persecución, han estado a la defensiva. Las actividades solidarias han sido relativamente pequeñas y han permanecido en las sombras.

Pero Donald Trump, Stephen Bannon, el General Michael Flynn y compañía, ahora apoltronados en la Casa Blanca, cambiaron todo eso al dictar una prohibición por 90 días contra las personas procedentes de seis países predominantemente musulmanes: Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán y Yemen – y prohibiendo indefinidamente a nacionales y refugiadas/os sirios.

Al parecer, este círculo reaccionario de la Casa Blanca no recibió el mensaje de las 3,3 millones de personas que se manifestaron en todo el país el 21 de enero en la Marcha de Mujeres. Esa marcha estuvo marcada por un alto grado de solidaridad con las mujeres musulmanas. En su lugar, Trump y su círculo reaccionario, que se mueve rápidamente en una dirección autoritaria, provocaron un movimiento masivo que ya estaba en movimiento.

100 manifestaciones en 42 estados

Hasta la fecha, se han llevado a cabo o se planean 100 demostraciones en 42 estados. Decenas de miles ya han ido a los aeropuertos para protestar. (Getgroundgame.com/airportprotests)

Las redes de televisión han cubierto las más grandes y prominentes en Nueva York, Los Ángeles, Dallas-Fort Worth, Chicago, Boston, Atlanta y así sucesivamente. El movimiento ha sido lo suficientemente poderoso como para obligar a los tribunales en cuatro estados suspender la deportación de inmigrantes atrapadas/os en la prohibición y en su aplicación repentina.

Solicitudes de medidas cautelares se han concedido en Nueva York, Seattle, Virginia y Massachusetts. El mandato de Massachusetts va más allá de los otros, que bloquean la deportación, pero permiten la detención. Massachusetts no está permitiendo la detención.

La prohibición original incluía a todas las personas con tarjetas de residentes. Esto equivale a una prohibición de cientos de miles de personas de todo el mundo. En un intento por aplicar la medida rápidamente, Trump y su consejero de estrategia nacional, Steve Bannon, un ultra-derechista, islamófobo y antisemita, comunicaron la prohibición a los Servicios de Aduanas y Protección de Fronteras e Inmigración de Estados Unidos (SAPFEU) la misma tarde en que fue promulgada. Sólo la lucha masiva que estalló en los aeropuertos al día siguiente forzó al jefe de Seguridad Nacional, general John Kelly, a rescindir la prohibición de la tarjeta de residencia.

En su fanatismo, Trump, Bannon, Reince Priebus, Flynn y compañía no mostraron preocupación por todas/os los estudiantes de los siete países islámicos cubiertos por la prohibición que regresaban para continuar sus estudios. No les importó las/os trabajadores, científicos y técnicos que regresaban a sus puestos de trabajo. Mostraron un desprecio total por las personas que venían a estar con sus familias. Incluso después de que se obtuvieron varias órdenes judiciales, los funcionarios del SAPFEU se negaron a permitir que los abogados vieran a algunas/os detenidos y rechazaron a miembros del Congreso que estaban tratando de averiguar el estatus de las/os detenidos.

Esto refleja el sello autoritario del círculo interno de Trump.

Avance político e ideológico

La lucha legal para erradicar totalmente la prohibición tiene un largo camino por recorrer. Se necesitará una gran lucha política en las calles, en las universidades y en las comunidades para hacer retroceder al gobierno de Trump. Pero la lucha ha comenzado de una manera muy inspiradora.

Un nuevo sentido de solidaridad ha arropado al movimiento, que experimentó un sentido de su poder en la Marcha de Mujeres del 21 de enero. Ese poder se ha transformado en solidaridad y rechazo militante de la islamofobia.

El sentimiento anti-musulmán ha sido un apoyo ideológico y político fundamental de la clase dominante y gran parte del establecimiento político desde el 11 de septiembre.

Al salir en masa en todo el país, las/os manifestantes del aeropuerto han puesto resistencia decidida a la prohibición de refugiadas/os de Trump. Pero también han dado un golpe ideológico y político contra el veneno islamofóbico de la clase dominante. Estas manifestaciones han sentado las bases para futuros avances políticos.

La islamofobia se ha utilizado para construir la Seguridad Nacional. Se ha utilizado para militarizar la policía en ciudades por todo el país. Sobre todo, se ha utilizado para promover la llamada “guerra contra el terror”.

Bajo el pretexto de la “guerra contra el terror”, el imperialismo estadounidense y el Pentágono han intervenido en Afganistán, Irak, Libia, Siria, Somalia y últimamente en Yemen. El complejo militar-industrial – fabricantes de drones, bombas inteligentes, satélites militares, bombarderos, aviones de combate, helicópteros, tanques, municiones de todo tipo, robots militares, etc. – han prosperado produciendo armas para la “guerra contra el terror”.

De la solidaridad al antiimperialismo

La solidaridad mostrada con las/os musulmanes puede hacer que muchas/os cuestionen la base ideológica y material que condujo a la prohibición en primer lugar. Se supone que debe proteger a EUA contra organizaciones terroristas como al-Qaida y el grupo Estado Islámico (EI). Pero la prohibición es parte de una ofensiva más amplia contra el mundo musulmán rico en petróleo y geoestratégico de Oriente Medio y Norte de África.

Es precisamente el Pentágono y la CIA quienes son los responsables del surgimiento de grupos como al-Qaida y el EI. Washington ha bombardeado 11 países islámicos en los últimos 25 años. El Pentágono ha infligido destrucción, sufrimiento y muertes incalculables en países desde Afganistán a Somalia. La CIA ha destruido todas las fuerzas nacionalistas seculares progresistas, todas aquellas abiertamente antiimperialistas, todas las fuerzas socialistas y comunistas en el Oriente Medio.

Pero los imperialistas no han detenido su saqueo y su opresión. Han tomado el petróleo de Irak. Han destruido a Libia y tomado su petróleo. Han financiado una devastadora guerra tratando de derrocar al gobierno independiente de Siria. La región está sembrada de millones de refugiadas/os que escapan de la destrucción de la guerra de los drones, de los F-16 y de las mortíferas máquinas A-10. Los señores del petróleo están perforando buscando petróleo en las zonas costeras del África del Norte islámica. Las tropas estadounidenses están repartidas por toda la región.

Bajo tales condiciones, con todas las fuerzas progresistas y seculares debilitadas o destruidas, es inevitable que el vacío de la resistencia sea llenado por fuerzas reaccionarias. El grupo EI es una organización patriarcal, medieval y teocrática que se comprometió a expulsar a las potencias occidentales de Oriente Medio, las potencias que dividieron a la región en primer lugar.

Tales fuerzas son al mismo tiempo enemigas tanto de las masas como del imperialismo. La “guerra contra el terror” no tiene nada que ver con ayudar a las mujeres o liberar a la sociedad. Tiene que ver con la reafirmación del dominio imperialista sobre el Oriente Medio y África, ricos en petróleo.

Junto con la lucha contra Trump y sus reaccionarias diatribas anti musulmanas, el movimiento debe intentar hacer coincidir su dinámica resistencia política con la determinación de llegar al fondo del problema. El movimiento debe ver la concordancia del racismo, la misoginia, la anti LGBTQ y toda opresión de género, el veneno anti-inmigrante y la lucha contra la clase trabajadora multinacional como basadas en la misma sustancia que la islamofobia.

En su raíz está el imperialismo, el sistema de ganancias y la dominación del mundo por los monopolios capitalistas.

Goldstein es el autor de “Capitalismo en un callejón sin salida” y “Capitalismo de bajos salarios”, los cuales se pueden comprar en las librerías en líne