La necesidad de solidaridad internacionalista

A continuación publicamos la presentación dada en la Conferencia de la Liga Internacional de Luchas Populares celebrada en Chicago el 22 de octubre. Azikiwe es un reconocido líder antiimperialista de Detroit.

Hay una debilidad fundamental en el movimiento popular en los Estados Unidos, y esta es la necesidad del internacionalismo antiimperialista.

Las luchas contra el racismo, la opresión nacional y la explotación de clase no pueden separarse de la necesidad de acabar con la injerencia de Washington y Wall Street en los asuntos internos de la mayoría de los estados del mundo.

Ganar el reconocimiento en estas luchas monumentales depende en gran medida del grado en que podamos crear conciencia generalizada de la difícil situación de las comunidades de color y de la clase obrera en general. Se están realizando esfuerzos para alcanzar estos objetivos, aunque aún queda mucho por hacer.

La conciencia internacional con respecto al carácter del estado de EUA está creciendo inmensamente. Esto se debe en parte a las manifestaciones masivas y las rebeliones urbanas que han surgido espontáneamente en respuesta a la muerte de Trayvon Martin en el 2012 y el veredicto de no culpable dictado en el juicio de George Zimmerman.

El anuncio de la absolución de Zimmerman hizo mucho para cambiar la opinión pública interna e internacionalmente sobre las instituciones que devalúan la vida afroamericana y los derechos democráticos. Fue durante este período que el hashtag #BlackLivesMatter comenzó a ser tendencia. Desde entonces, se han realizado esfuerzos para construir capítulos de BLM en EUA, extendiéndose internacionalmente a Bretaña y América Latina.

Más tarde, el 9 de agosto de 2014, en Ferguson, Missouri, el joven de 18 años de edad, Michael Brown, fue abatido por un policía blanco. Inmediatamente estallaron manifestaciones en Ferguson. Estas manifestaciones se extendieron a nivel nacional, llamando la atención sobre la falsa noción de que Estados Unidos se había convertido en una sociedad post-racial en el período posterior a la elección del presidente Barack Obama en 2008.

Ningún EUA “post-racial”

Obama se vio obligado a abordar los problemas de la “opresión especial” de las/os afroamericanos después de los disturbios en Ferguson. La situación de las/os afroamericanos ganó la atención internacional surgiendo editoriales en periódicos significativos tanto en EUA como internacionalmente cuestionando esta falsa afirmación de post-racialismo.

La administración se inclinó a favor de mantener el status quo de opresión nacional. Obama por supuesto, dio su opinión sobre el sentir de las/os afroamericanos y luego denunció la violencia, diciendo que no logrará nada. Esta es una falsedad flagrante porque el estado de EUA nació en la violencia y mantiene su existencia a través de la fuerza bruta y la coerción dentro del país y en el exterior.

Lo que estos acontecimientos expusieron fue el fracaso de la administración Obama para hacer frente a la opresión especial de las/os afroamericanos, avanzando en su lugar una política de evasión pública ante el empeoramiento de las condiciones sociales.

Fueron las masas afroamericanas y otros grupos oprimidos los que sufrieron el peso de la crisis económica que comenzó en 2007. Detroit fue una de las zonas urbanas más afectadas. Cuando Obama asumió el cargo en 2009 hubo una considerable esperanza falsa de que estas dificultades económicas atraerían la atención de la Casa Blanca y de la mayoría demócrata de Cámara y Senado (2008-10).

Las subsecuentes rebeliones y oleadas de manifestaciones masivas en las calles, en los campus y ahora en los campos atléticos, han despojado a la administración de cualquier pretensión de legitimidad política. El atleta profesional Colin Kaepernick y otros en el ámbito de deportes profesional, universitario y de escuela secundaria ilustran que no importa cuánto les clasifiquen de “privilegiados”, el espectro de la violencia racista y las amenazas de los agentes armados del estado permanece con ellos en todo momento. El racismo está en aumento en los Estados Unidos, y el rechazo de la clase dominante y el estado capitalista para avanzar cualquier reforma en este sentido dice mucho sobre la fase actual del imperialismo y su postura pública.

Implicaciones globales de la crisis capitalista

El grado en que la clase capitalista puede reclamar cualquier apariencia de una “recuperación” económica está relacionado con la expansión de la mano de obra con bajos salarios y las mega ganancias de las corporaciones transnacionales. Esto se ve reforzado por el sistemático recorte del financiamiento de la educación pública, los servicios municipales y las medidas ecológicas.

Son demasiados los ejemplos para poderlos mencionar aquí. Podríamos hablar sobre el sistema antidemocrático de gestión de emergencias y la bancarrota forzada en Detroit y otras ciudades de Michigan que tienen la mayoría de las poblaciones afro-americanas. También está la crisis del agua en Flint y el casi colapso de las escuelas públicas en Detroit, Highland Park, Inkster y otras ciudades de Michigan.

Un movimiento coordinado a nivel nacional liderado por sindicatos que exigen un salario mínimo de 15 dólares por hora está creciendo en todo el país. Personas de todas las generaciones están trabajando más por menos dinero.

El complejo industrial penitenciario, que ahora abarca a unas 2,2 millones de personas, y otras millones más bajo supervisión judicial y policial, representa otra forma de súper-explotación y contención social relacionada con el perfil racial y el sistema judicial injusto.
Estas son algunas de las principales cuestiones que debemos abordar en los EUA. Nuestro internacionalismo debe ser formado por las condiciones específicas de las/os trabajadores y las/os oprimidos y los movimientos que han surgido en los últimos cuatro años.

Trazando vínculos entre lo nacional y el exterior

Quizás la crisis de desplazamiento más profunda de hoy es la migración de personas del norte de África hacia el sur de Europa. Este movimiento de personas desplazadas ha sido documentado por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados como el más grande desde la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. Hay de 60 a 75 millones de personas que han sido interna y externamente desplazadas en el mundo moderno.

Estas remociones forzadas se derivan directamente de los imperativos de la política exterior de guerra y explotación económica diseñados por Washington y Wall Street. Las intervenciones en Afganistán, Irak, Haití, Libia, Siria, Yemen y Somalia están alimentando el subdesarrollo y la balcanización.

Muchas de estas guerras permanecen en gran parte ocultas al pueblo en los EUA. Gran parte del impacto social de estas guerras de cambio de régimen y genocidio se está manifestando dentro de estas regiones geopolíticas y en Europa meridional, central y oriental.

La crisis de la guerra imperialista tiene sus componentes económicos. La sobreproducción de petróleo y otros productos básicos está haciendo bajar los precios y causando mayores tasas de desempleo, pobreza, déficit de alimentos, conflictos de clase y guerra civil. Países como Somalia, Sudáfrica, Zimbabue y Nigeria, ricos en recursos naturales, terrenos y vías navegables estratégicas, se enfrentan a diversos niveles de recesión, depresión y mayor esclavitud al capital financiero internacional.

Por último, es nuestra tarea señalar la relación directa entre la política interna de los Estados Unidos y la política exterior. Una política de opresión nacional dentro de los Estados Unidos se refleja en la destrucción militar y económica de países de la antigua Unión Soviética y Europa Oriental, extendiéndose por África, Oriente Medio, Asia y el Pacífico, América Latina y el Caribe.

Los problemas que enfrentamos en América del Norte no pueden ser abordados o resueltos de manera efectiva independientemente de los pueblos de la comunidad internacional. Los pueblos del mundo debemos unirnos en un programa de antiimperialismo dirigido a acabar con todas las formas de opresión y explotación.