¿Qué nos enseña la crisis brasileña?

Por Olmedo Beluche, sociólogo panameño

Una crisis política enorme se cierne sobre ese gigante que es Brasil. Una investigación judicial denominada “Lava Jato”, ha puesto en evidencia un esquema de corrupción que compromete a altos funcionarios de Petrobras, a grandes empresas constructoras, y a políticos brasileños.

Las denuncias de corrupción involucran no solo al Partido de los Trabajadores (PT), como quieren hacer ver los medios de comunicación, sino que incluyen al Partido Progresista (PP) y al Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), ambos de derecha.

Pero la derecha maniobra con ayuda de los medios de comunicación burgueses, encabezados por la red Globo, y la complicidad de la embajada EUA, para enfilar las acusaciones únicamente contra la presidenta Dilma Rousseff, contra el ex presidente Ignacio Lula Da Silva y el PT.

Maniobra golpista derechista

El objetivo es imponer un golpe de estado parlamentario, forzando el juzgamiento de la presidenta por el Congreso, a cuya cabeza está el derechista Eduardo Cunha, acusado de recibir más de 5 millones de dólares en “propinas” de Petrobras.

La maniobra golpista consistiría en sacar a Dilma, mediante un juicio amañado del Congreso corrupto, para hacerse con el poder imponiendo al vicepresidente, Michel Temer, del derechista PMDB, aliado al gobierno del PT,  sin convocar nuevas elecciones, ni ningún tipo de consulta popular.

¿Cómo operaba la corrupción?

La crisis tiene como actores centrales a directivos de Petrobras, nombrados por el gobierno del PT, Renato Duque y Pedro Barusco, y un ex senador de ese partido, Delcidio Amaral.

El esquema consistía en que Petrobras vendía principalmente gasolina a precios inferiores a los del mercado internacional a Braskem, subsidiaria de Odebrecht.  Las ganancias millonarias de Braskem  (y el robo a la Petrobras), se estima en 1600 millones de dólares entre 2009 y 2014.

Luego Odebrecht, a través de sus oficinas y empresas de maletín, en paraísos fiscales, como Suiza y Panamá, pagaba “propinas” a los funcionarios que le habían facilitado estos lucrativos negocios.

La investigación estima que la “propina” de Duque y Barusco era aproximadamente 2 por ciento del valor de cada contrato. Al ser Duque tesorero del PT, se estima que parte del dinero se usó para financiar al partido. Pero la corrupción también salpica al jefe de la oposición derechista del Senado, Eduardo Cunha, acusado por el Supremo Tribunal Federal de recibir gratificaciones por 5 millones de dólares.

También se acusa a los directivos de Odebrecht y al “operador” del PMDB, al igual que a un directivo de Petrobras, relacionado con el Partido Progresista. Como ya se sabe, Marcelo Odebrecht, cabeza de la empresa, ya ha sido condenado a 20 años de prisión por estos delitos.

Sistema político, madre de la corrupción

Lo que no dicen los medios, es que los sistemas políticos supuestamente “democráticos” requieren millonadas crecientes de dinero para poder participar en los procesos electorales con alguna opción de “ser elegido”.

Dónde más claramente la intromisión del poder económico determina los resultados electorales es en EUA, donde los políticos son financiados directamente por poderosas empresas y multimillonarios, tanto en las campañas, como en sus funciones mediante el llamado “lobby”.

Los medios también esconden que ellos y sus dueños, teniendo el monopolio absoluto sobre los medios de comunicación, e imponiendo los precios sobre las pautas publicitarias, son los principales beneficiaros de los costos millonarios de las campañas electorales.

Lula y Odebrecht

Ha trascendido recientemente, la relación estrecha entre el ex presidente Lula Da Silva y la empresa constructora brasileña Odebrecht. Las investigaciones han sacado a la luz que, entre 2011 y 2013, Lula recibió “patrocinios” de esas empresas y donaciones de hasta unos US$ 5 millones al “Instituto Lula” y US$ 3 millones le fueron pagados en regalías por sus conferencias en el extranjero.

Lula aduce que esos pagos son legales, y que otros ex presidentes también viajan por el mundo promoviendo empresas de sus países y cobran fuertes emolumentos por dictar conferencias.

No sólo es creíble la versión de Lula de la legalidad de esos emolumentos, sino que es público que él no se ha negado nunca a declarar ante los jueces sobre el tema.

Sin embargo, desde el punto de vista de clase obrera, a la que Lula ha representado por décadas, la relación tan estrecha con una empresa transnacional como Odebrecht, sí presenta dilemas ético – políticos que pueden y son debatidos en Brasil.

Política económica de Dilma la enajena de base social obrera

Aplastada entre una creciente crisis capitalista, la caída de precios de las materias primas, las crecientes luchas sociales, así como la campaña mediática en su contra, la presidenta Rousseff y el PT, en vez de ir hacia la izquierda, ceden a las políticas neoliberales. Ese mirar a la derecha en busca de respaldo lo demuestra su alianza con el PMDB.

Si bien el gobierno PT inauguró en América Latina las llamadas políticas sociales de “transferencias” con el “Plan de Hambre Cero” de Lula, lo cierto es que no ha habido cambios de fondo en ninguno de los aspectos que se esperaban de un gobierno que decía ser de los trabajadores. Por el contrario, el gobierno de Dilma se inclina cada vez más hacia medidas neoliberales.

La situación social se deteriora: en 2015, se perdieron millón y medio de puestos de trabajo. En 2016, la tasa de desempleo es 7,6 por ciento. El desempleo juvenil en la zona metropolitana de San Pablo supera el 28 por ciento. La inflación el año pasado bordeó el 11 por ciento.

Este año, la presidenta Rousseff, adoptó dos acuerdos que le han ganado repudio sindical: en acuerdo PT, PSDB y PMDB decidieron entregar al sector privado reservas petroleras de PETROBRAS y decidió el congelamiento del salario mínimo y de los sueldos de los empleados públicos, anteponiendo el pago de la deuda a la banca.

Por una salida democrática y popular a la crisis

Frente a la crisis política que se cierne sobre Brasil y frente a la maniobra de la derecha que pretende un golpe parlamentario para sacar a Dilma y sustituirla por su vicepresidente, importantes sectores de la oposición de izquierda denuncian la jugada contra la democracia y contra el pueblo, proponiendo que no puede haber ninguna salida que no contemple la participación popular

La experiencia latinoamericana en general, y la brasileña en particular, demuestran que la única manera de salvar procesos políticos progresistas de los embates de la derecha y el imperialismo, no es tratando de pactar y ceder a sus requerimientos, sino convocando la movilización popular y radicalizando las medidas de carácter socialista.