Editorial: Una grieta que deja entrar la claridad

En esta época de armas terriblemente destructivas y de la capacidad de agencias gubernamentales estadounidenses de espiar sobre todas las comunicaciones privadas — cuando son digitalizadas, como la mayoría ya son — hay una tendencia a considerar al estado capitalista como todopoderoso, un gigante que puede arrollar a todos/as si así lo quiere.

No lo es. Pero toma una crisis política y/o económica para hacerlo aparente.

En el análisis final, el estado se basa en la fuerza, el ejército, la policía, los tribunales, las cárceles y todas las agencias anexas que respaldan la represión. Cuando se enumeran todas estas agencias, son millones las personas que están involucradas en una u otra capacidad para hacerla funcionar. La mayoría de ellas no se ven a sí mismas como guardianes del orden capitalista-imperialista. Sin embargo, eso es lo que son. Y cuando el sistema entra en crisis, cuando decenas de millones de trabajadores/as se enfrentan a la inseguridad económica que podría llevar incluso a la pérdida de su hogar y al hambre, la lealtad de muchos/as de aquellos/as que trabajan para el estado capitalista se tambalea.

En estos momentos el gobierno federal ha reducido un 10 por ciento de los presupuestos de muchos organismos y dice que no tiene el dinero para reparar puentes, inspeccionar la carne, financiar programas para niños/as pobres, mantener abiertas las oficinas de correos y para realizar miles de otras tareas vitales.

Pero tiene el dinero para enviar destructores al Mediterráneo con cientos de misiles de crucero para atacar a Siria. Eso ha provocado una gran reacción de las masas del pueblo que claramente ha rechazado ese ataque.

Y ha llevado a algunos de los que en algún momento tenían autorización de máxima seguridad, a quienes se les confiaban los tipos de secretos del gobierno que supuestamente no deberían salir a la luz, a dar la alarma. Edward Snowden y Chelsea [Bradley] Manning no han sido las únicas personas. Ellos pueden que sean solo un síntoma de una corriente mucho más grande de desafección.

La última señal de esto es una declaración pública del Steering Group of Veteran Intelligence Professionals for Sanity (Junta Directiva de Profesionales Veteranos en la Inteligencia por la Salud Mental) que refuta la denuncia de la administración Obama, la cual dice que el ejército sirio había utilizado gas venenoso contra civiles en un suburbio de Damasco.

Doce ex militares y funcionarios de inteligencia firmaron el comunicado enviado a Obama, que comienza diciendo, “Lamentamos informarle que algunos de nuestros ex compañeros nos dicen, categóricamente, que contrariamente a las afirmaciones de su administración, la inteligencia más fiable demuestra que Bashar al-Assad NO fue el responsable del incidente químico que mató e hirió a civiles sirios el 21 de agosto y que los funcionarios de la inteligencia británica también lo saben”.

Titulado ¿”Es Siria una trampa”?, la declaración puede encontrarse en un número de diferentes sitios del Web, incluyendo wikispooks.com. Lo que indica es un círculo mucho más amplio de disidencia en el interior del establecimiento sobre la política de guerra del gobierno, ya que los doce funcionarios retirados que firmaron la declaración dijeron que fueron informados por personas en servicio activo que tienen acceso a los datos en bruto que no se muestran al público, a los medios de comunicación ni incluso a los mismos miembros del Congreso.

El estado aparentemente todopoderoso, por lo tanto, está sujeto a las mismas tensiones que están obligando a las masas de gente a organizarse y luchar.

Mientras escribimos esto, la administración Obama puede estar retirándose de su esfuerzo para un ataque inmediato. Ciertamente se arriesga a más oposición si no da ni siquiera la apariencia de escuchar al pueblo.

Pero las fuerzas del imperialismo no están influidas por la lógica o el llamado a la conciencia. La lucha contra las guerras rapaces por ganancias debe ser parte de cada agenda progresista, porque la guerra misma entonces se convierte en la excusa para infligir aún más dolor a las masas en nombre del patriotismo y el sacrificio — nada de lo cual se exige a los súper-ricos.